martes, 16 de enero de 2007

EL MEDIO AMBIENTE Y SUS ENEMIGOS


(Publicado en un cuadernillo sobre medio ambiente del periódico La Rioja del Lunes en mayo de 1990)

“Camino: franja de tierra por la que se va a pie. La carretera se diferencia del camino no sólo porque por ella se va en coche, sino porque no es más que una línea que une un punto a otro. El camino es un elogio del espacio. Cada tramo del camino tiene sentido en sí mismo y nos invita a detenernos. La carretera es la victoriosa desvalorización del espacio, que gracias a ella no es hoy más que un simple obstáculo para el movimiento y una pérdida de tiempo”

1. Esta es la definición más exacta de lo que hoy entendemos por entorno, territorio o “medio ambiente”: un simple obstáculo para el movimiento humano en automóvil o para la movilidad en general.
Hasta no hace más de veinte años, buena parte del pensamiento urbano planteaba aún sus análisis a partir de la existencia de dos principios opuestos que se dialectizaban, la ciudad y el campo (el esquema subsite en el planteamiento Norte-Sur). Textos como El dominio urbano ilocal de Melvin M. Webber, publicados a finales de los sesenta, acabaron con la hipótesis de dos espacios contrapuestos; los medios de comunicación los estaban ya entonces confundiendo. Se da el caso –argumentaba Webber– de gente que mantiene estrechas relaciones con personas que viven incluso en otros continentes, mientras que ignoran a su vecino de escalera. Igualmente, cada día, la televisión nos conmociona con desgracias situadas a miles de kilómetros, alejándonos de las miserias que existen a la vuelta de la esquina.
Estas ideas nos aproximan a entender el fenómeno de nuestro “dominguero” que ha transformado la vieja costumbre del “paseo por el campo”, en un traslado de ida y vuelta en automóvil desde la ciudad hasta su refugio vallado. La ciudad aparece como un gran almacén de coches guardados entre semana: “Los coches, que han llenado las calles, redujeron las aceras en las que se amontonan los peatones. Cuando quieren mirarse unos a otros, ven los coches al fondo, cuando quieren mirar la casa de enfrente, ven los coches en primer plano; no existe un sólo ángulo desde el que delante, detrás, al costado, no se vean coches. Los coches han hecho que la antigua belleza de las ciudades se vuelva invisible..., los coches han causado ¡el eclipse de las catedrales!”. Pero si miramos fuera de la ciudad, es posible que las vallas tampoco nos dejen ver el campo.

2. A finales de los años sesenta empezó en este país un lucha singular por defender el patrimonio arquitectónico frente al proceso de derribo y sustitución. Confieso que luché al principio por esa causa, quizás porque la veía utópica, descabellada y perdida.
Veinte años después contemplo con tristeza que desde los elementos más asociales de la ciudad hasta el alcalde y su corte, pasando por toda la gente bienpensante, todos, absolutamente, todos defienden a capa y espada el “patrimonio arquitectónico heredado” como si en ello les fuera la vida (aprovecho para saludar al alcalde que me estará mirando). Repintar la mugre se llama lo que está sucediendo. Ignoran que el repintado y las restauraciones ¡también eclipsan las catedrales!. Nunca entenderán que los monumentos del espíritu no son rehabilitables.

3. La lucha es la respuesta a una desazón. La primera fase de la lucha es localizar al enemigo. La segunda, combatirlo y si es posible, aniquilarlo.
En la lucha por el “medio ambiente” aún no ha sido localizado convenientemente el enemigo, pero hay tanta desazón que todos parecemos sospechosos. Casi toda la mugre está ya repintada y el medio ambiente parece que no se arregla. Mucho me temo entonces que la emprendamos únicamente contra los automóviles.
El profesor Avenarius (que gastaba Mercedes), hacía footing nocturno por las calles de París armado con un gran cuchillo de cocina, con el que de tanto en tanto rajaba las ruedas de los vehículos aparcados. Kundera, creador de este personaje y de las citas anteriormente transcritas en cursiva, apunta en su última novela, La inmortalidad, hacia ese pensamiento emergente que señala a los automóviles como los grandes enemigos del medio ambiente.
La política de las instituciones respecto al automóvil es hoy completamente absurda e insensata, pero las propuestas de los ecologistas y afines me dan tanto miedo que, por mi parte, pienso ser más prudente en esta nueva causa.