lunes, 26 de marzo de 2007

DIFERENCIAS. TOPOGRAFIA DE LA ARQUITECTURA CONTEMPORANEA

de Ignasi Solá-Morales

(El texto que sigue es un fragmento de una carta a mi amigo Victor García Oviedo, de Julio de 1996, en el que aprovecho para aconsejar otras lecturas de filosofía y arquitectura.)

Acabé ayer la lectura del libro de Ignaci Solá-Morales que me recomendaste. Una valoración muy muy sintética sería la siguiente: Cada artículo aislado es bastante blando en sí mismo y las referencias filosóficas certeras pero vagas. Juntos todos ellos adquieren mucho mayor peso en cuanto a las referencias exteriores, pero adolecen entonces de la ausencia de un nervio interior y de ser escasamente pedagógicos. Me explico: hay un empeño muy loable, que me ha sorprendido agradablemente, de ligar pensamiento arquitectónico y marco filosófico, si bien tengo mis dudas de que los arquitectos protagonistas de la historia hayan sido siempre conscientes de esa relación, tal y como parece sostener Solá-Morales. Más bien, creo que se trata de buenas intuiciones, o aciertos del azar. El mejor artículo, sin duda, es el que hace referencia al Existencialismo y las crisis del movimiento moderno. Menos clara es la relación de la arquitectura con el pensamiento marxista de los sesenta y el repliegue de la disciplina hacia los “fundamentalismos”: hay varias interpretaciones de la “tendenza” en distintos artículos, no muy coherentes entre sí y otros apuntes más o menos válidos, pero insisto, sólo hilvanados, y escasamente pedagógicos para quien quiera entender algo, bien de filosofía o bien de arquitectura.
Lo peor sin duda del libro es su aceptación del fin de la historia y el aplauso a los “pliegues” en que se refugia la arquitectura o a la propia arquitectura concebida como acontecimiento, porque esa postura no deja de ser sino una velada manifestación autobiográfica. La blandura de Ignaci en ese punto es francamente detestable y así se lo hice saber desde mi butaca en la sala de un congreso sobre la ciudad celebrado el año pasado en Alicante : sus clases magistrales pertenecen a un género que es entretenido, e incluso estimulante para el receptor, pero que es sobre todo “autocomplaciente” para el orador, quien actúa como una nueva “starlet” del pensamiento tejiendo imágenes con la habilidad de un trapecista o de un montador de anuncios para televisión. Un pensador no es eso, le dije. Y mucho menos, un pensador que dirige la reconstrucción del Liceo de Barcelona. (Luis Racionero al día siguiente, me dijo que lo que había dicho estaba muy bien pero que si quiero llegar a “ser alguien” “eso no se hace”...; y es que por lo visto debe haber un gremio tácito o clandestino de figurones.)
El artículo titulado “Sadomasoquismo. Crítica y práctica arquitectónica”, es en ese sentido bastante indignante. Compáralo por ejemplo con la entrada “Crítico” del Diccionario de las Artes de Félix de Azúa (¿aún no te lo has comprado?/ya estás bajando a por él/ sólo por leer la voz Artista ya vale la pena/la voz Arquitectura la has podido leer en ELhALL12). Hay un peloteo entre Ignasi y las estrellas de la arquitectura muy cercano al del Galiano o al del Verdú, y eso no es masoquismo ni sadismo, sino simple y frívola cama redonda.
Ahora bien, que buena parte del libro de Ignaci gire entorno a la Conferencia de Heidegger en 1951 sobre Construir, Habitar, Pensar, quiere decir que está bien informado y sabe por dónde van los tiros. Otro de los momentos más felices del libro es la pag. 148 en que narra de un modo muy particular y acertado la relación de Le Corbusier con la técnica, si bien se ve que no tiene ni repajolera idea de Jünger cuando a continuación lo menciona como “decidido cantor del nuevo hombre de la civilización técnica ” (pág. 149) citando su obra el El trabajador, que es meramente descriptiva de la situación entreguerras, y no mencionando ni siquiera La emboscadura que es su libro de tesis sobre la cuestión. Lamentable.
De Heidegger en adelante Ignaci se va hacia Deleuze, que es filósofo mas próximo al cuento del fin de la historia y a la blandenguería poética y ahí es donde creo conveniente señalar que HAY OTROS CAMINOS. En el territorio del pensamiento, el más profundo y desarrollado de Heidegger en adelante, creo que está en Emanuele Severino: Hazte por ejemplo con La tendencia fundamental de nuestro tiempo, editorial Pamiela, que es un libro hermoso, como todos los de buena filosofía, y que aunque escrito en 1989 tocando asuntos de geoestrategia que han quedado obsoletos, su trasfondo filosófico es impresionante y mucho más fácil de entender en este texto que en otros suyos más herméticos o académicos, como por ejemplo La esencia del nihilismo.
Quisiera aconsejarte en este sentido que recondujeses tus lecturas de “ética” hacia la ontología porque sin un fundamento teológico o sin un fundamento ontológico, no tiene mucho sentido hablar de ética. En el libro de Severino que te recomiendo hay un capítulo titulado “La ética de la ciencia” que es un claro ejemplo de lo que te digo.
Sobre los “otros caminos” por los que cabe pensar en arquitectura, tengo más dudas así que sigo “creyendo” que El modo intemporal de construir/Un lenguaje de patrones de Christopher Alexander, es un mineral en bruto que hay que trabajar. O el nuevo Giorgio Grassi, acaso, sea otra de las referencias más interesantes (ni uno ni otro aparecen para nada en el libro de Ignaci) en su interpretación de las arquitecturas ligadas al lugar y abiertas al tiempo. Seguramente tendré que salir de dudas en este terreno si me animo a empezar mi tesis doctoral.