viernes, 30 de marzo de 2007

CARTA A UN ESTUDIANTE DE ARQUITECTURA


(Tal cual, esta es una carta a un estudiante de Arquitectura que tenía que hacer un trabajo de curso.)

Me ha pedido tu padre que te enviase algunas referencias teóricas sobre la Arquitectura para que encadenases luego tú una reflexión general que, según me dice, te han pedido como trabajo de curso.
Una muy buena reflexión, similar a la que te piden, puede ser la voz Arquitectura del Diccionario de las Artes de Félix de Azúa en la editorial Planeta. Lo encontrarás en cualquier biblioteca y aún en las librerías.
En cualquier caso siempre es bueno incluir en una reflexión de estudiante la propia etimología de la palabra y lo que se puede deducir de ello, y luego las definiciones más famosas.
En cuanto a la etimología has de saber que es antes el arquitecto que la arquitectura, porque arquitecto no significa nada más que arqui (el jefe) de los tectos (albañiles). La construcción, como la música sinfónica, es una obra colectiva, y para tener una mínima coherencia necesita un director. Lo que salga de ello no sabremos aún si es o no Arquitectura con mayúsculas, y si esa arquitectura estará más o menos ligada a la expresión colectiva de la época o a los devaneos artísticos del arquitecto.
En la línea de la etimología, Adolf Loos decía que un arquitecto no es más que un albañil que sabe latín, mientras que Mies van der Rohe afirmaba que la arquitectura nace cuando ponemos un ladrillo junto a otro con esmero.
William Morris, sin embargo, en su famosa definición (que podrás encontrar en la Historia de la Arquitectura Moderna de Leonardo Benévolo) extendía la definición de Arquitectura a toda intervención humana sobre la corteza terrestre exceptuando el desierto. Si Dios, sea mal o buen arquitecto, es el responsable de la arquitectura celestial, los hombres, según Morris somos siempre arquitectos (generalmente malos) cuando alteramos la naturaleza y nos apropiamos de los lugares.
Hay un pasaje interesante en el Nuevo Testamento cuando en no se qué monte, Jesucristo al encontrarse muy a gusto con sus apóstoles les dice: “construyamos tres tiendas en este lugar”. La construcción aparece así como el acto humano de señalización y apropiación de un lugar, y ese carácter significativo trascenderá siempre el propio hecho constructivo y adquirirá el distintivo de “arquitectura”. Esas tiendas, serán templo, y desaparecidos los dioses, “patrimonio de la humanidad” o cualquier martingala de esas que declaran la UNESCO y los gobiernos.
Claro que también la construcción se transfigura en escultura humanizándose: la arquitectura griega no es otra cosa que la “esculturización” de la construcción. Cuando un pilar, o una junta entre muro y suelo son tratados con la delicadeza de una moldura, la arquitectura aflora. En este último sentido, toda construcción en la que no haya un interés escultórico no merece ser llamada arquitectura.
En fin, espero que con estas referencias puedas ponerte a divagar y a llenar folios para que tus profesores te aprueben. Y si no eres proclive a las divagaciones, agarra cualquier manual de teoría de arquitectura, de los innumerables que hay, y cópiate media docena de páginas, que copiar siempre es sano y los profesores casi nunca nos leemos los trabajos de los alumnos.